La importancia de la atención psicológica a mayores y personas con discapacidad en tiempos de pandemia

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La importancia de la atención psicológica a mayores y personas con discapacidad en tiempos de pandemia
La importancia de la atención psicológica a mayores y personas con discapacidad en tiempos de pandemia
Primero tuvieron que sobrellevar un confinamiento a veces casi en soledad y especialmente duro para personas que necesitan recibir más que nadie apoyo y cariño. A la vez, iban viendo las dramáticas consecuencias que el coronavirus dejaba a su paso, especialmente entre los más mayores. Una situación de estrés que provocó un enorme aumento de la demanda de atención psicológica ya durante el confinamiento.
 
Y la ‘nueva normalidad’, no ha llegado de igual manera para todos. Muchos mayores y personas con discapacidad han tenido que enfrentarse a la pérdida de familiares cercanos en circunstancias muy duras y sin poder desarrollar un duelo en las mejores condiciones. Otros aún arrastran las consecuencias que en ellos mismos ha dejado la enfermedad. A ello se suma el miedo a un nuevo repunte de contagios.
 
Todo ello genera una enorme inquietud y preocupación que a veces cuesta asumir y canalizar, no solo en mayores o personas con discapacidad, también en sus cuidadores. Superar esos miedos, esa ansiedad lógica e inevitable, en muchos casos necesita la guía de una adecuada atención psicológica.
 
 
 
La necesidad de apoyo profesional
 
 
A nadie se le escapa que en el caso de mayores y personas con discapacidad trabajar por su bienestar emocional es algo que debe realizarse siempre, en cualquier circunstancia. Pero es imprescindible incidir mucho más en esa labor en momentos tan excepcionales como los actuales.
 
 
La atención psicológica debe esforzarse en valorar el impacto que en cada persona vulnerable ha tenido y está teniendo la pandemia. También debe establecer pautas y protocolos adaptados para que estos mayores y personas con discapacidad sean capaces de llevar los procesos de duelo en las mejores condiciones y puedan superar las secuelas y traumas que pueden estar condicionando su vida diaria.
 
No solo se les debe escuchar. La atención psicológica a estas personas debe ofrecerles los mecanismos necesarios para que ellos mismos puedan en un momento puntual enfrentarse con fuerza a picos de estrés o ansiedad y también para que sean capaces de poner en marcha medidas mínimas de autocuidado.
 
Además de ello, es importante trabajar con familiares cercanos o cuidadores. Muchas veces actúan de buena fe con sus mayores o con las personas discapacitadas a las que atienden, pero no deben olvidar que nunca podrán hacerlo con las garantías que puede ofrecer la atención psicológica profesional.
 
Siempre hay que actuar teniendo en cuenta que cada colectivo y cada persona son únicos, diferentes y tienen unas necesidades que también lo son. La atención psicológica se adapta al tipo y nivel de discapacidad, al grado de desarrollo cognitivo e incluso a las circunstancias psicosociales.
 
Eso no quiere decir que los cuidadores queden al margen de la atención psicológica, al contrario. También ellos deben implicarse y disponer de esas herramientas y protocolos que les sirvan de apoyo y de guía en el cuidado de esas personas más vulnerables de las que están a cargo.
 
Proteger a nuestros mayores y a personas con discapacidad es una cuestión de responsabilidad social. Los más débiles necesitan una atención psicológica adecuada cuando sucede algo en su entorno que los desestabiliza. Y no hay que olvidar que estos colectivos sufren como ningún otro la soledad, el aislamiento y a veces incluso la marginación, lo que les hace aún más vulnerables.